Por qué es mala idea no renovar un nombre de dominio
Hace poco un cliente me contactó para decirme que quería cambiar de nombre de dominio. Hasta ahí, ningún problema. Pero cuando le expliqué que había que mantener el antiguo, se extrañó.
—¿Para siempre? —me preguntó.
La verdad es que en el momento no supe explicarle bien el porqué. Solo tenía esa sensación incómoda de dejar botado un dominio, como quien deja una puerta abierta al salir de la casa. Y de repente me acordé de por qué es una mala idea. Una muy mala idea.
Veamos qué puede pasar cuando se pierde un nombre de dominio.
1. Se pierde todo el histórico acumulado
Un dominio con años de vida no es solo un nombre: es una red de referencias construida sin que uno se dé cuenta.
Todos los enlaces externos —directorios, artículos, publicaciones en redes sociales, fichas de proveedores— quedan muertos de un día para otro. Y con ellos se va la autoridad acumulada, que es justamente lo que hace que un sitio posicione bien en los buscadores. No es algo que se recupere rápido: es el trabajo de años.
A eso se suman los marcadores que cada persona guardó en su navegador. Ese efecto se diluye solo con el tiempo, pero los enlaces externos no: quedan rotos para siempre.
2. Se le regala tráfico a la competencia
Acá viene la parte que poca gente tiene presente.
NIC Chile publica un listado de dominios eliminados y disponibles para inscripción. De hecho, en su portada hay un banner que dice justamente eso: "Dominios eliminados disponibles para inscripción". Es una forma legítima de generar movimiento en el registro, pero tiene una consecuencia previsible.
Es un hecho conocido que existen sistemas que monitorean esa página de forma automática, analizan el contenido, valoran los dominios liberados y los revenden. No es una teoría: es un rubro.
Imaginemos el caso. Soy corredor de propiedades con años en el rubro. Me cambio de nombre de dominio y dejo botado el antiguo. Si un tercero lo adquiere, captura todo el tráfico que yo construí. Y si lo hace de forma sistemática —acumulando dominios liberados de un mismo rubro— puede armar una operación completa beneficiándose del trabajo de otros.
Para que dimensionen el tema: revisando la información que entrega NIC Chile, identifiqué 27 dominios eliminados en una sola semana que contenían la palabra "propiedad".
3. Pero lo más serio es el correo
Y acá es donde me acordé de lo que le pasó a un cliente mío hace algunos años.
Había comprado un dominio .cl para su empresa incipiente. Contrató un servicio de correo y, sin pensarlo demasiado, activó la funcionalidad catch-all.
¿Qué es eso? Una opción que hace que el servidor reciba todos los correos dirigidos al dominio, incluso los que van a destinatarios que no existen. En vez de rebotar, llegan igual.
¿Y qué pasó? Empezaron a llegarle correos por decenas cada día. Fue ahí cuando nos dimos cuenta de que el dominio tenía una historia previa.
Empezaron a llegar las cartolas del banco del señor Pedro T. —en PDF, protegidas con el RUT, o sea pan comido—. Los "¡Tienes un nuevo match!" de Tinder de la señora Carolina P. Solicitudes de cotización. Todo lo que se puedan imaginar que recibe un equipo de diez personas que estuvo activo, por lo que alcanzamos a reconstruir, durante unos cinco años.
Mi cliente es una persona derecha y desactivó la funcionalidad de inmediato.
Pero ¿y si hubiese sido un ciberdelincuente?
4. El correo es la llave de todo lo demás
Esto es lo que hay que entender bien: quien controla el dominio, controla el correo.
El nuevo dueño puede configurar un servidor de correo y recibir todo lo dirigido a las direcciones antiguas. Y con acceso al correo, puede pedir la recuperación de contraseña en cualquier servicio donde esa dirección haya quedado registrada. Bancos, sistemas de facturación, redes sociales, plataformas de proveedores, hosting.
No hace falta hackear nada. Basta con hacer clic en "olvidé mi contraseña" y esperar.
Por ahorrarse los $9.990 anuales que cobra NIC Chile, la cuenta puede salir carísima.
Entonces, ¿qué hacer?
Cambiar de nombre de dominio no tiene nada de malo. Lo que no hay que hacer es abandonar el anterior.
Renovar un dominio .cl cuesta $9.990 al año. Diez años salen $99.900.
Un dominio no es un gasto recurrente que se pueda podar cuando se ajusta el presupuesto. Es un activo, y mientras exista alguien en el mundo con esa dirección anotada en algún lado, sigue siendo tuyo el problema si lo sueltas.
Así que sí: para siempre.